Somos Betzabeth y José Manuel, un matrimonio cursillista venezolano y queremos compartir el testimonio de cómo el Señor ha actuado en nosotros desde que vivimos nuestro Cursillo de cristiandad en mayo del 2018.
¡El cursillo marcó un antes y un después en nuestras vidas!
Fue una experiencia profunda que transformó nuestra fe, nuestro matrimonio y nuestra manera de caminar junto al Señor… Después de ese maravilloso triple encuentro, comenzamos a vivir realmente en comunidad, integrándonos al movimiento cursillos de nuestra diócesis y pudimos ver muchos frutos; entre ellos, tuvimos la alegría de formar un grupo, comenzamos siendo apenas cuatro o cinco personas, pero con la gracia de Dios el grupo fue creciendo hasta llegar a reunir entre doce y catorce hermanos. Vivimos momentos muy especiales compartiendo la fe, acompañándonos unos a otros y trabajando por el movimiento.
Gracias a ese grupo, otras personas pudieron vivir su propio Cursillo y conocer a Cristo de una manera más profunda. Además de participar activamente en las ultreyas, clausuras y en todas las actividades que podíamos; también colaboramos en los Cursillos desde la cocina y en el trabajo silencioso de la «trastienda», sirviendo con alegría allí donde se nos necesitaba. Con el paso del tiempo llegaron también momentos difíciles. La pandemia y algunas situaciones personales, entre ellas un embarazo complicado, hicieron que poco a poco nos fuéramos enfriando y dejáramos de estar tan activos, aunque nunca nos alejamos completamente del Señor ni del espíritu de Cursillos.
En 2025 llegamos a España junto con nuestros dos hijos y una vez más, Dios nos mostró que siempre tiene planes para nosotros. Comenzamos a encontrarnos con hermanos cursillistas e iniciamos nuestra integración con el grupo del Pantano aquí en Extremadura. Recientemente tuvimos la alegría de participar en la clausura del Cursillo 281, celebrado en Guadalupe, en mayo de 2026.
¡Fue una experiencia maravillosa!
Nos sentimos acogidos, acompañados y profundamente emocionados al volver a vivir el espíritu de Cursillos de Cristiandad junto a tantos hermanos, y algunos «paisanos», todos compartiendo la misma fe y el mismo amor por Cristo.
Hoy, mi esposo y yo nos sentimos muy agradecidos… Mirando hacia atrás, podemos decir que aquel «Encuentro con Jesús en 2018» continúa dando frutos en nuestra vida. Aunque hubo momentos de dificultad y de distancia, el Señor nunca dejó de buscarnos ni de guiarnos. Por eso, damos gracias a Dios por este Movimiento, por los hermanos que ha puesto en nuestro camino y por esta nueva etapa que estamos viviendo junto a nuestros hijos. Estamos felices de volver a sentirnos parte de esta gran familia y de seguir caminando unidos en la fe.
«Porque cuando Cristo entra en una vida a través de un Cursillo de cristiandad, es posible que haya momentos de alejamiento o dificultades, pero Él siempre sale al encuentro para traernos de vuelta a casa»
¡De Colores!
