Hice el cursillo 232 de la diócesis de Toledo en octubre de 2017.
Toda mi vida había sido una búsqueda incansable de algo que no sabía lo que era,
que no sabía dónde buscarlo o cómo encontrarlo.
En mi cursillo descubrí aquello que había buscado tanto: El Amor Verdadero, Dios.
Descubrí su amor incondicional hacia mí, la locura con la que me ama el Señor, sin
importar mis defectos ni mis habilidades, sin importar mis éxitos o mis fracasos;
supe que el Señor me ama sin más.
Después del cursillo mi vida cambió, hubo un antes y un después. Decidí agarrarme
de su mano, empecé a conocerle, a sentirle como un amigo, a confiar en Él, a ser su
instrumento,…
A través del Mcc encontré una comunidad con la que es más fácil perseverar y
trabajar para el Señor, siempre confiando en Él y siendo una marioneta en sus
manos para llevarlo a otros corazones que no le conocen.
