Mi cursillo lo hice en el puente de la Inmaculada de 2002. Descubrí entonces dónde
me quería el Señor para perseverar y hacerme sentir Iglesia, en el movimiento de
Cursillos de Cristiandad. Para llevar a todos los que me rodean la alegría del
Evangelio y llenar de colores este mundo lleno a veces de sombras. Dios capacita a
los elegidos y yo lo siento así cada día. ¡De colores!
