Hola a todos, mi nombre es Raluca Ratiu (Lulú) soy Rumana y tengo 43 años. Crecí en Toledo y desde hace 6 años vivo en Irlanda. Me dedico al área de educación, específicamente idiomas (necesidades especiales) y también a lo que el Buen Dios me presente por el camino. He tenido la gracia de amar al Señor siempre, incluso antes de conocerlo verdaderamente y además, tuve la desgracia de desviarme del camino.
Y aconteció que mi hermana gemela hizo su Cursillo de Cristiandad hace 10 años, y desde entonces estuvo invitándome e insistiendo, pero yo, siempre respondía rotundamente “NO” porque creía que podía arreglármelas por mi cuenta; aunque realmente lo que sentía era miedo y estaba avergonzada.
Un día, me invitó a una Clausura de cursillo con la excusa de hacer al menos de canguro con los niños que anduviesen por ahí – ese fue mi primer «SÍ» – allí me regalaron una pulsera de tela con la siguiente inscripción: “Yo vivo mi cuarto día De Colores”… de esta manera, el buen Dios obraba y apretaba dulcemente con fuerza mi anhelo de ser merecedora de llevar esa pulsera. Luego, comencé a preguntar curiosamente por los próximos cursillos y sin darme cuenta ya me había apuntado al 266 de Talavera de la Reina.
Faltando pocas horas para tomar el vuelo Dublín-Madrid para dirigirme a vivir mi cursillo, descubrí que habían hackeado mi cuenta bancaria, y entonces pregunté al Señor: ¿Quieres que vaya? – y quiso – porque en poco tiempo anulé mi tarjeta, pedí dinero prestado y continué con el plan del Señor.
En el cursillo 266 dije definitivamente «SÍ» , me complementé con mi hermana, y ahora somos ‘gemelas completas’ en Cristo; el Señor me regaló el desmesurado privilegio de ser una Enamorada de Dios con otros tantos y tantos locos por el Sumo bien, una verdadera tormenta del fuego de su amor fue mi experiencia; bendigo al Señor en todo momento por la paciencia que ha tenido conmigo… sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro ya de nuevo en Irlanda.

Mirando y pensando siempre en el eslogan de mi pulsera, me entero de que por motivo del 75 aniversario de la peregrinación de jóvenes a Santiago de Compostela, la entrega de la Cruz peregrina coincidiría con la clausura del cursillo 269 en el Monasterio de Guadalupe. De repente mi ser cursillista y espíritu peregrino me impulsaron a querer estar presente en esa cita y no lo dudé, además como le tengo un cariño especial a nuestro santo patrón San Pablo; nuevamente tomé un vuelo Dublín-Madrid y me dispuse a saborear, disfrutar y revivir mi cursillo. Me he convertido en una fan de Ryanair que “volando voy y volando vengo” para encontrarme con mis hermanos cursillistas.
Y así es como vivo mi cuarto día… la familia del MCC no es un eslogan, es una gran mesa dentro de la barca de la Iglesia, a la que están invitados todos sin distinción de razas para que, todos seamos uno.
De Colores!
